... que no me salen las palabras. Te veo, todos los días. Te veo cuando me miro al espejo. Estás en mis ojos.

¿Qué es lo que falla? ¿Qué he perdido? Solía enamorar a quien quería. Solía tener lo que buscaba. Y ahora te busco. Todos los días te busco, pero no hay nada al final del camino.

Y, cada vez más, pienso en ti. En tu sonrisa. Esa sonrisa que quiero provocar, saborear y vivir. Esa sonrisa que me escamoteas, que me niegas cuando dices que no te entiendo.

Es posible, no lo sé todo, aunque tú creas que eso es lo que pienso. Pero tú tampoco me entiendes. Asumes que sólo me divierto, que no busco nada más que reirme. Pero no me das la puta posibilidad de demostrarte lo contrario.

Sí, quiero sentirte dentro. Quiero que me toques, que tu piel arda contra la mía. Quiero beberte. Pero más que nada quiero que duermas en mi regazo.

Y a veces parece que quieres que te lo diga. A veces me buscas con la mirada. A veces me tocas la mano y me miras, y tus ojos brillan más de lo normal. A veces empiezas a hablar para no decir nada.

Dilo.

Lo que sea: que me detestas, que mi amor te da miedo, que me quieres, que no sientes.

Pero dilo.

Dilo ya.